La Colonia de Esclavos Har'shivah

El silbato rugía con ensordecedora potencia en los oídos de los esclavos. Que, a pesar de ser molesto, era también una señal de fugaz descanso. Los carteles luminosos esparcidos en la inmensidad de la colosal estructura metálica parpadeaban mostrando la hora actual que luego cambiaba y dejaba leer, en grandes letras mayúsculas, la palabra "COMIDA".
Los esclavos, obedeciendo a la rutina, comenzaban a abandonar paulatinamente sus lugares de trabajo en largas filas; que eran aquellas que, sin importar la ubicación de uno en esta, no se podía divisar ni inicio o final. Y, cuando por fin había un avance significativo, las cadenas y grilletes en las extremidades de las escorias sonaban como si cantaran una moribunda sonata.
Mientras abandonaban las fábricas que se hallaban en el centro de la colonia y se esparcían desorganizadamente entre los edificios laterales de bodegas y cárceles donde pernoctaban. De esa forma, buscando un rincón, un espacio alejado y protegido con sombra que los distrajera por un minuto de la paranoia de tener a los pramathas a sus espaldas apuntándoles con arma punzantes las nucas listos para cercenar la cabeza de quien tuviera la más mínima intención de una sublevación.
Comían ahí, con las manos, el menjunje oloroso de pan y caldillo frío. Respiraban aire menos tóxico que el de las fábricas y sus manos descansaban de la ardua tarea de refinar y terminar joyas y armamento.
A veces, los que aún no han sido completamente endurecidos por la vida de faena extrema se fijan en detalles nimios, como que los árboles, que para ellos son áreas verdes, parecen ser tragados por bestias espaciales de un día para otro sin dejar más rastro que un edificio en su lugar. En cambio, los esclavos que ya no tienen vuelta atrás, pero aún les queda algo de valentía en sus espíritus trizados, pasan el pequeño receso admirando los grandes ventanales por los cuales ven, a lo lejos, los meteoritos de dónde extraen materias primas y el pequeño sol que utilizan como fuente de energía.
Otros, más osados, piensan en su antiguo hogar arrebatado de sus manos y mueren sumergidos en añoranza.
El silbato vuelve a rugir. Aquellos escasos minutos de suspiros son cortados de improviso. Las pantallas luminosas vuelven a dar la hora exacta pero esta vez la palabra que sale en ellas es "TRABAJO". Se escuchan gritos de esclavos que no pueden levantarse del piso para volver a sus deberes pero extrañamente los guardias no hacen menor caso a estos. Los abandonan a su suerte y se centran en los que aún pueden caminar.
¿Por qué los habrán dejado tirados sin más? No era la única irregularidad que había estado dando cabida en la colonia. La atmósfera, también, se había empezado a contaminar de manera preocupante debido a que las zonas verdes habían sido prácticamente erradicadas dañando el frágil ecosistema... Era sospechoso.
Pero, ¿Qué iba a hacer un esclavo ante eso? Ellos debían fabricar productos. Debían seguir caminando, hacia las fábricas y cumplir su cuota y en lo posible, más que eso.
No había tiempo para pensar, no había.
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Exo-G: Capitulo Iby #Exogenesis-RP